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Ciudad Rodrigo

CIUDAD RODRIGO, UNA CIUDAD CON HISTORIA

  • Historia napoleónica de la ciudad

La situación geográfica de Ciudad Rodrigo, su proximidad con la frontera portuguesa y su condición de plaza fuerte, harían que se viera inmersa de una forma total y absoluta en las llamadas Guerra Peninsular o Guerras Napoleónicas. En España conocemos este conflicto bélico como Guerra de la Independencia.

Desde noviembre de 1807 y debido al Tratado de Fontainebleau, los ejércitos napoleónicos atraviesan toda España y, por supuesto, esta comarca para invadir Portugal, comandados por el general Junot, ejército que causa serios problemas de orden público a la población que comienza a verlos como enemigos, más que cómo aliados

Cuando llegan a Ciudad Rodrigo las noticias de lo acontecido el 2 de mayo de 1808 en Madrid, el pueblo se manifiesta pidiendo armas para, llegado el caso, defender la ciudad pero el gobernador político y militar de la Plaza, Luis Martínez de Ariza trata de calmar los ánimos.

Ante lo que el pueblo llano entiende como pasividad del gobernador militar se crea una junta ciudadana bajo el nombre de “Junta de Armamento y Defensa” que está al mando del Brigadier y Teniente de Rey D. Ramón Blanco Guerrero

Las acusaciones de “afrancesados” hacia el gobernador Ariza y otros ciudadanos desembocan en un motín en el que son linchados el día 10 de junio de ese año.

A partir de entonces es esta Junta la que dirige el aprestamiento de la ciudad para la guerra. Con el paso de los meses se llega a convertir en Junta Superior de Castilla la Vieja, al ser Ciudad Rodrigo uno de los últimos y más importantes focos de resistencia a las fuerzas napoleónica de toda la zona centro de España en abril de 1809.

En octubre de 1809, Andrés Pérez de Herrasti, sería nombrado gobernador político y militar de Ciudad Rodrigo, tras su participación en la batalla de Tamames.

Su principal preocupación, desde el momento que toma el mando, es el adecuar las viejas y anticuadas defensas de la ciudad ante un más que probable asedio.

A comienzos del año 1810, el gobernador confecciona un informe crítico y realista sobre las deficiencias de la plaza de cara a su defensa. Dice así:

Esta plaza es defectuosa, irregular y del último orden: sin glacis formal, llena de padrastros, como son el arrabal de San Francisco, el teso o altura del mismo nombre, hondonadas que permiten al enemigo aproximarse a tiro de pistola, demasiados habitantes, curas, monjas y frailes, que todos aumentan el hambre y obligan a un gobernador a rendirse o a asesinarlo.

Continúa indicando Herrasti:

Su muralla real, obra descubierta desde la campaña, por consiguiente batida con facilidad, y como no tiene foso, al instante accesible la brecha con las ruinas. La falsabraga no puede resistir al cañón por su corto espesor y, asaltada sin imaginarlo, como su foso no tiene profundidad, facilita la toma de la plaza…..

la muralla real no tiene flancos, por consiguiente no está defendida para la brecha ni la escalada.

A pesar de la adversa situación y estado de la plaza, el general Herrasti inicia una serie de acciones de cara a mejorar su defensa: se derriba el convento de la Trinidad, a escasos metros de la muralla “a tiro de pistola”, utilizándose sus restos para reforzar las defensas construyéndose el revellín de San Andrés y rellenándose con los escombros sobrantes las desigualdades del terreno inmediato al glacis

Se talan las alamedas cercanas, se fortifican los conventos de San Francisco y de Santo Domingo, realizando cortaduras, instalando obstáculos, tipo caballos de frisa.

Trabajos que fueron dirigidos por el brigadier Juan de Belesta, por el comandante de artillería Francisco Ruiz Gómez y por el teniente coronel e ingeniero Nicolás Verdejo, pero que, según indica Herrasti en su informe:

tuvimos que ceñirnos a sólo lo más urgente, trazándose y empezándose a construir inmediatamente una batería en figura de revellín sobre la plaza de armas que estaba a la derecha de la puerta del Conde, entre ésta y la de San Pelayo, frente del convento de Santo Domingo, que además de cubrir una gran parte de los recintos principal y falsabraga, tenía la ventaja de defender el flanco derecho del arrabal de San Francisco, sus bocacalles, porción del Campo de Toledo y batía la parte de las huertas de los Cañizos y todas sus avenidas; cuyo trabajo, aunque grande, costoso y de prolija ejecución, se logró concluir enteramente y llegó a servir en los últimos ataques con mucha utilidad para nuestra defensa……… Igualmente se está haciendo un foso a una plaza de armas –junto a la puerta del Sol- para que sirva de revellín, componiendo otros torreones de la muralla real [y] se están construyendo los blindajes y otras varias obras que se activan para la mejor defensa”, aunque, se lamenta el general que todas las obras proyectadas no pudieron llevarse a cabo por no haber “habido tiempo ni medio.

Las tropas españolas acantonadas en Ciudad Rodrigo estaban integradas por tres batallones y la guardia ciudadana de los regimientos de Ávila, Segovia, y de Mallorca sumaban 6.000 hombres de diferentes armas, 240 lanceros del guerrillero Julián Sánchez, más los civiles que, de forma voluntaria, se sumaron a la defensa.

Desde Salamanca, el mariscal Michel Ney, que ostenta también los títulos de duque de Elchingen y príncipe de la Moscova, sale al frente de 12.000 hombres con la determinación de ocupar Ciudad Rodrigo, presentándose el 12 de febrero ante las puertas de la ciudad y conminando al gobernador Herrasti a rendir la plaza.

La respuesta del militar español fue clara y contundente:

“Como presidente de la Junta Suprema de Castilla; como gobernador de la plaza de C. Rodrigo y como militar, tengo jurado la defensa de esta plaza por su legítimo Rey D. Fernando VII, hasta perder la última gota de mi sangre……….y toda la guarnición y habitantes de la ciudad están resueltos a hacer los mismo”

Ney, ante la negativa a la rendición, despliega su ejército y comienza el bombardeo con obuses desde el teso de San Francisco. Ante el mal tiempo con fuertes lluvias y frío y la falta de resultados, Ney se volvió a Salamanca. Allí comienza a preparar los medios y abastecimientos suficientes para formalizar el sitio de la ciudad con garantías de éxito.

Durante estos meses comienzan a llegar los cuerpos de ejército que formarán la unidad que debía de conquistar Portugal, siguiendo las órdenes del mismo Napoleón. Un ejército que pone bajo el mando del mariscal André Massena y que estaría integrado por los cuerpos de ejército 2º (Reynier) 8º (Junot) que con el 6º de Michel Ney formarían, bajo el mando de Massena el ejército de ocupación de Portugal, tal como había dispuesto Napoleón.

Un ejército cuya misión era la ocupación de Portugal y que estaría integrado por los 18.000 hombres del 2º Cuerpo, los casi 40.000 del 6º (que es el que llevaría el peso del asedio de Ciudad Rodrigo y posteriormente Almeida) y el 8º con unos 37.000 hombres. Un contingente armado realmente importante, integrado por cerca de 100.000 hombres

El día 25 de abril de ese año 1810, el VI cuerpo del mariscal Ney, casi en su totalidad, vuelve a presentarse ante las puertas de Ciudad Rodrigo, esta vez con la firme intención de tomar la ciudad.

Comienzan a ocupar posiciones y los trabajos de instalación de las baterías artilleras y la apertura de trincheras por parte de los franceses, constantemente acosados por las salidas de la infantería española y por la caballería de Julián Sánchez “El Charro”

A mediados de mayo, intentó de nuevo Ney la rendición de la plaza que fue desestimada por Herrasti que había recibido una carta de apoyo del comandante en jefe del ejército inglés Lord Wellington, que, textualmente decía: “…estaré encantado de prestar asistencia a su excelencia y a la ciudad de C. Rodrigo siempre que esté en mi mano...”

El ejército francés de Ney se fue distribuyendo en los alrededores de C. Rodrigo, asentándose en Pedrotoro, La Caridad, así como en la zona de Cantarranas, en la margen izquierda del río Águeda. Por la parte norte, frente a la zona de Conejera cerca del río. La caballería se situó en Tenebrón y en la zona de Tamames.

Ney se instalaría a finales de mayo en el Monasterio de la Caridad donde estableció su cuartel general hasta que su superior, Massena que ocuparía el monasterio, acompañado de su Estado Mayor y, como contrapunto romántico, de su amante, la joven Henriette Leberton

Las trincheras se van extendiendo desde el Teso de San Francisco, hasta escasos metros de la muralla, con alrededor de 500 metros de Este a Oeste, una anchura de 1,5 m. y 1 de profundidad, realizándose numerosos ramales, todo ello protegido por palizadas, sacos terreros y gaviones.

Poco a poco los franceses van ocupando las defensas exteriores de la ciudad: los conventos de Santa Cruz, de Santo Domingo y de San Francisco, teniendo expedito el terreno para comenzar el bombardeo de la ciudad.

A primera hora de la mañana del día 25 de junio de 1810, se comienza a cañonear la ciudad. En poco más de 6 horas caen alrededor de 3.000 proyectiles sobre la muralla y el interior de la ciudad, arruinando e incendiando muchas de las casas.

Tras un bombardeo de tres días, nuevamente se invita a la capitulación a los españoles.

Herrasti responde que “la plaza de Ciudad Rodrigo no está en estado de capitular, ni tiene brecha formada que obligue a hacerlo...”

Ante esta nueva negativa, los franceses siguen trabajando en la consolidación del sitio, continuamente hostigados por la artillería y, cuando ya están cerca de la ciudad, por la fusilería de los sitiados.

La caballería de “El Charro”, ante la imposibilidad de maniobrar al estrecharse el cerco hace una espectacular salida, atravesando los lanceros las líneas francesas, algunos de ellos llevando a la grupa del caballo a sus mujeres, que no dudan en disparar con pistolas contra los franceses.

El 2 de julio la brecha abierta por la artillería en la muralla comienza a ser realmente importante. En la madrugada del 9 al 10 de julio el bombardeo se acrecentó y tras la voladura de una mina en la contraescarpa del foso (con 700 Kg. de explosivos) quedó abierta una enorme brecha, “la Gran Brecha”, donde si situaba la llamada Puerta del Rey, junto al Seminario, que se ensanchó con nuevos bombardeos. Otra brecha se abriría junto al Postigo de Santa María, que aunque de menores dimensiones era otra fuente de preocupación para los defensores.

Ante la situación extrema en la que se encontraba la ciudad, las noticias de que el ejército aliado no intervendría en defensa y apoyo de la ciudad, a las 4 de la tarde del día 10 de julio, Herrasti se reúne con las autoridades civiles y militares mirobrigenses, informando del peligro inminente y de que una entrada a sangre y fuego del ejército napoleónico podría ser extremadamente dramática para la guarnición pero también para la población civil.

Así pues, se envía al campo francés a un militar español, llevando una carta de Herrasti dirigida al mariscal Ney en la que le expone:

…” Excmo. Sr. Consecuente con lo que le dije a V.E. en mi anterior oficio y habiendo cumplido ya con todos mis deberes militares según me proponía y era mi obligación estoy pronto a capitular.”

Como muestra de respeto hacia los defensores, Ney en persona sale al encuentro de Herrasti al pie de la brecha alrededor de las 6 de la tarde, ofreciendo las mejores condiciones para los vencidos.

Cuando los franceses entran en la ciudad, se encuentran ruinas e incendios por todas partes. El general Marbot, ayudante de campo de Massena describe el aspecto de Ciudad Rodrigo así:

La atmósfera de la ciudad se hallaba viciada por la gran cantidad de heridos de ambos bandos, que habían quedado en ella y sobre todo por el olor infecto que exhalaban millares de cadáveres (hay que decir que la cifra resulta un tanto exagerada) a los que no se había podido enterrar porque estaban medio sepultados entre los escombros de las casas aplastadas por las bombas. Añádase a todas estas causas de insalubridad un calor de más de 30º y se comprenderá que se declarase una epidemia de tifus que hizo grandes estragos entre la guarnición y sobre todo entre los habitantes que habiendo escapado a los horrores del sitio, obstináronse en permanecer en la plaza para salvar los restos de su fortuna

Los franceses confeccionaron minuciosos informes sobre el desarrollo del sitio. Señalan que se dispararían más de 25.000 balas de cañón y unas 15.000 bombas y granadas, viéndose afectada, principalmente el entorno de la catedral, donde se abren las brechas pero también, en mayor o menor medida, toda la ciudad.

El colofón a los sufrimientos de la población sería el saqueo de bienes y maltrato a la población por parte de los soldados, a pesar de los esfuerzos de sus oficiales por evitarlos, lejos, a pesar de todo, de los que causaran los ejércitos aliados cuando reconquistan la ciudad en 1812.

Los datos sobre las bajas son difíciles de contrastar, ya que ambas partes en conflicto dan cifras diferentes, aunque se puede hacer un balance global con 500 muertos y 1.000 heridos entre civiles y militares por la parte española y alrededor de 400 muertos y otros 1.000 heridos por el bando francés.

Los militares españoles serían enviados a Francia como prisioneros sufriendo los rigores de duras jornadas a pie y después los del internamiento en los campos de prisioneros o utilizados como mano de obra.

Para los franceses la toma de la ciudad supondría el apoderarse de 118 piezas de artillería, casi un millón de cartuchos, 73 toneladas de pólvora, cerca de 7000 armas diferentes y una gran cantidad de pertrechos. También el siempre mal abastecido ejército napoleónico se encontraría con abundantes provisiones: 50 toneladas de trigo, 7 de otros cereales, 11 de arroz, otras 7 de frutas y hortalizas, 6 de bacalao, 11 de carne salada, 100.000 raciones de galletas y algunas cabezas de ganado.

La tesorería francesa también se beneficiaría con la requisa de 30.000 reales y unos 130 Kg de plata procedentes de las iglesias de la ciudad, imponiéndose una contribución especial a la población por importe de 500.000 francos.

La derrota de las tropas españolas y los sufrimientos del pueblo no resultarían vanos ya que el retraso del avance del ejército francés contribuiría a dar el tiempo necesario para consolidad las líneas defensivas de Torres Vedras, algo que sería vital para, finalmente, derrotar definitivamente al ejército de Portugal.

El actual marco histórico de Ciudad Rodrigo posiblemente sea único en la Guerra Peninsular.

La ciudad conserva prácticamente intacta una fortificación abaluartada: glacis, fosos, muralla, cañoneras, etc.

Algunos de sus edificios como la catedral y otros edificios cercanos a la muralla, muestran aún los impactos dejados por la artillería


Con todo, a pesar de los daños sufridos durante “la Francesada”, Ciudad Rodrigo sigue conservando un enorme patrimonio monumental, que, juntamente con su pasado histórico, hacen de ella una ciudad especial en la que merece la pena perderse para encontrarse con una historia densa, rica e histórica.

  • Ofertas turísticas Napoleónicas

Exposición. Ciudad Rodrigo en la Guerra de la Independencia Wellington frente a Napoleón. Se encuentra en el palacio de los Águila y su horario es:
MARTES Y MIÉRCOLES: 11.30-13.45 h.
JUEVES, VIERNES Y SÁBADOS: 11.30-13.45 y 16.30-18.00 h.
DOMINGOS: 11.00 a 14.00h.

Ruta de las Fortificaciones. Ruta que incorpora Ciudad Rodrigo, Aldea del Obispo (Fuerte de la Concepción), San Felices de los Gallegos y Almeida (Portugal). Aldea del Obispo / Real Fuerte de la Concepción. Construido en el s. XVIII, es una de las mejores muestras de arquitectura abaluartada de toda la península, siendo llamativa su forma estrellada. El Real Fuerte de la Concepción fue diseñado por el ingeniero militar coronel Moreau. Cabe destacar la plaza de armas, la capilla, las salas, los almacenes, los pozos de escucha, el aljibe y su brocal, el Fortín de San José construido sobre la mayor altura para la defensa del propio fuerte, las caballerizas construidas en forma semicircular en dos pisos (sala de tropa y establos) a las que se llega por un camino cubierto, etc..

  • Puntos de interés Napoleónico

Convento de San Francisco. Se sitúa a unos 5 minutos del centro a pie.

Este convento tiene su origen en el paso de San Francisco de Asís por nuestra ciudad, camino de Santiago. El Santo permaneció un mes entre los mirobrigenses y al regresar a Italia envió dos monjes franciscanos de nuevo a la ciudad para que promovieran la construcción del cenobio.

Durante la guerra de la independencia el convento estaba situado entre el fuego cruzado de ambos ejércitos. Se dice que funcionó, en aquel entonces, como hospital de campaña en el que el general inglés Craufurd murió después de ser herido en batalla.

Actualmente se conservan dos capillas, la de los Centeno y la de los Águila (linajes nobles de la ciudad). Esta última alberga, en estos momentos, una exposición de fotografía antigua y otra de restos arqueológicos.

Para concertar una visita al convento se pueden poner en contacto con el siguiente número de teléfono: 664 346 580 o dirigirse a la oficina municipal de turismo sita en el ayuntamiento.

Monasterio de la Caridad. Este monasterio premostratense del siglo XIII, situado a unos 4 km de la ciudad, actuó como cuartel general del ejército francés durante el asedio. En su interior se puede apreciar un magnifico claustro realizado por Juan de Sagarvinaga en el siglo XVII. El monasterio no es visitable salvo en algunas ocasiones durante el año. Para más información pueden dirigirse a la oficina municipal de turismo, sita en la Plaza Mayor.

Muralla medieval. La antigua muralla medieval mandada construir por Fernando II de León, encierra multitud de historia y lugares emblemáticos, como la gran brecha que abrió el ejército francés tras mantener la ciudad sitiada, la brecha pequeña abierta a posteriori por el ejército inglés, la batería lugar donde se colocaban de esa forma los cañones y que ahora es un precioso mirador… Todo el adarve de la misma, es un paseo inigualable que todo visitante debe realizar. Las murallas primitivas eran medievales de finales del s.XII, hechas con cal y guijarro. Hoy en día podremos encontrar la parte más antigua en la zona del Castillo. El resto de la fortificación es fruto de una reforma de finales del s.XVII, ya que la cerca medieval quedó obsoleta con la utilización de la artillería, se añaden en ese momento cañoneras, garitas, baluartes y revellines dándole así la forma abaluartada o estrellada actual.

Convento de Sancti Spíritus. A mediados del siglo XVI se traslada desde la comarca a cerca de los muros de la muralla este convento. Es ya en el siglo XVII cuando se sitúa junto a una puerta de la ciudad que recibe el mismo nombre. Durante la guerra de la independencia toma parte activa en la batalla haciéndose fuerte en su interior un batallón de soldados. El ejército francés tuvo que asediarlo dos veces para poder hacerse con su control. Actualmente los únicos restos que quedan de este convento son las piedras que conformaban su puerta y que hoy en día forman parte de la entrada del edificio del juzgado.

El palacio de Montarco se localiza en el término municipal de Ciudad Rodrigo en la provincia de Salamanca (España). El palacio fue construido a finales del siglo XV, de estilo Renacentista. En el año 1958 fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC). En 2007 fue rehabilitado. Durante el cerco de la ciudad en 1810 a cargo del ejército napoleónico, el palacio de Montarco tuvo diversos usos, siendo desde cuartel hasta hospital militar. Un año y medio más tarde, estando el ejército francés de retirada, el general británico Wellington iniciaría el 9 de enero de 1812 el Sitio de la ciudad. En su paso por Ciudad Rodrigo, el palacio de Montarco fue el cuartel general de Wellington.

Oficina de Herrasti. Una pequeña habitación en la parte interior de la bóveda de acceso de la Puerta del Conde.

Cuerpos de Guardia. Elementos arquitectónicos repartidos en los accesos de la ciudad y que servían como acuartelamientos y dependencias militares. Se pueden observar aún los huecos en los bancos adosados para apoyar las culatas de los fusiles.

  • Otras ofertas turísticas

Castillo de Enrique II de Trastámara. Fue ordenado construir por Enrique II de Trastámara en 1372. Ya en el s.XVI se le añade la torre del homenaje por orden de D. Antonio del Águila. Desde 1931 es Parador Nacional de Turismo, nuestra ciudad puede presumir que fue uno de los primeros en crearse, exactamente el cuarto.

Catedral de Santa María. Declarada Monumento Nacional en 1889. Se comenzó a construir a finales del s.XII por orden del rey Fernando II de León en un proyecto tardorrománico, aunque podemos considerarla gótica. Con el paso del tiempo fue sufriendo transformaciones como el claustro que fue realizado en dos fases constructivas s.XIV y s.XVI. La magnífica sillería coral de Rodrigo Alemán de finales del s.XV. O la torre de campanas neoclásica del s.XVIII.

Ayuntamiento. Edificio renacentista del s.XVI, como dato relevante siempre ha tenido desde su construcción la misma función: casa consistorial. En él podemos ver representado, ya en ese siglo, el escudo de las tres columnas. A principios del s.XX sufre algunas reformas, se añade el ala derecha para ampliar las dependencias municipales.

Casa de los Vázquez. Edificio del s. XVI con interesante portada en esquina. Llama la atención su escudo inclinado en la portada. En 1922 lo hereda Doña María de la Salud de Bernaldo y Quirós y su marido D. Manuel Sánchez-Arjona – conocido como el Buen Alcalde – y reforman su interior añadiéndole azulejería, vidrieras, artesonados y rejería. En 1944 lo venden al Ministerio de Fomento que la convierte en la Oficina de Correos de Ciudad Rodrigo.

Capilla de Cerralbo. Edificio que se comenzó a construir en el s.XVI y concluido 100 años después. Quién la ordena construir fue el cardenal Francisco Pacheco, hermano del I marqués de Cerralbo. Su estilo es herreriano. Destacan en el exterior los grandes escudos de mármol de carrara, y en el interior tres retablos del s.XVII.

Palacio de la Marquesa de Cartago. Edificio de la última década del s. XIX, su promotora fue Dña. Concepción Narváez y del Águila, marquesa de Cartago. Destacan en el exterior la decoración de las ventanas, los escudos de Narváez y Águila en la portada y la garita a modo de balcón en esquina, que le otorga elegancia al palacio.

Palacio de los Águila. Edificio renacentista del s.XVI y XVII. Es el palacio de mayores dimensiones de la ciudad. Cuenta con dos patios interiores, uno de ellos plateresco, y con una capilla privada. Perteneció a uno de los linajes más importantes de la ciudad. En el año 2000 fue restaurado y desde entonces su función es museística, acoge exposiciones temporales.

Capilla del Hospital de la Pasión (Antigua Sinagoga). La orden del Hospital de la Pasión es la más antigua fundada en la ciudad. Antiguamente se dedicaba a la atención de convalecientes y peregrinos, hoy en día es una residencia de ancianos. La capilla de esta antigua orden se construyó sobre una antigua sinagoga, ya que esta la zona donde se encuentra era el antiguo barrio judío de la ciudad. La sinagoga se reformó posteriormente y se convirtió a capilla en el s. XVII. La portada actual es neoclásica fruto de otra reforma del s. XVIII.

Casa del I Marqués de Cerralbo. Palacio del s. XVI situado en la Plaza Mayor. Su promotor fue D. Rodrigo Pacheco, I Marqués de Cerralbo. Es interesante su friso plateresco junto con los escudos inclinados en las esquinas.

Iglesia de San Agustín. Iglesia del s.XVI perteneciente al antiguo convento de los Agustinos, que fueron expulsados de la ciudad durante la guerra de Independencia. Los promotores de la construcción de esta iglesia y del antiguo monasterio (hoy colegio de Santa Teresa de Jesús) fueron la familia Chaves, cuyo escudo aparece representado tanto en el exterior del edificio como en las bóvedas de crucería.

Casa de los Miranda. Sobrio edificio de la segunda mitad del s. XVI, destacan en su portada los escudos de la familia Miranda, Chaves y Robles. En su interior cuenta con un patio del s. XVII donde aparecen representados muchos de los escudos de armas de diferentes familias mirobrigenses. El palacio sufrió un gran incendio durante la guerra de Independencia y actualmente es privado.

Iglesia de San Pedro-San Isidoro. Pequeña iglesia de tres naves de gran valor artístico, cuenta con tres estilos diferentes en cada una de ellas. La nave del evangelio (izquierda) es la más antigua de estilo románico-múdejar, de esta parte destacan la portada románica y un ábside mudéjar de finales del s.XII. La nave central es del s.XV de estilo gótico, es interesante la crucería del altar mayor. La nave de la epístola (derecha) es del S.XVIII y de estilo neoclásico.

Casa de los Condes de Alba de Yeltes. Se construyó sobre el solar del palacio de los Nieto de Silva (s. XVI). Fue reconstruido a principios del s. XVIII y reformado de nuevo en el s. XX. En el s. XVIII fue utilizado como cuartel y actualmente alberga las oficinas principales de Caja Duero.

Capilla de la Venerable Orden Tercera. Pequeña capilla neoclásica del s. XVIII. Se edifica sobre el solar que ocupó anteriormente la iglesia del Santo Sepulcro, perteneciente a la orden de San Juan. Por ello siempre se le ha relacionado con los templarios.

Palacio de los Ávila y Tiedra. Sin duda uno de los palacios, junto con el de los Águila, más emblemático de la ciudad. Conocido también como palacio de los Castro o de Montarco. Este edificio se comenzó a construir a finales del s. XV. Es muy interesante por la decoración plateresca en su portada y ventanas.

Casa de los Cornejo. Palacio del finales del s. XVI, destaca por su sobriedad y los escudos inclinados en las esquinas. También se le ha conocido como palacio de Moctezuma. Sus usos han sido bastante variados, desde Casa de la Tierra hasta escuela e instituto. Actualmente es la Casa de Cultura y alberga en su interior la Biblioteca Municipal y salas de exposiciones.